Sierra de Atapuerca

ESPAÑA

Sierra de Atapuerca

La Sierra de Atapuerca es un pequeño conjunto montañoso situado al norte de Ibeas de Juarros, en la provincia de Burgos (Castilla y León, España). Se extiende en dirección noroeste‑sudeste, entre los sistemas montañosos de la cordillera Cantábrica y el sistema Ibérico. Este enclave ha sido declarado Espacio de Interés Natural, Bien de Interés Cultural y Patrimonio de la Humanidad, debido a los extraordinarios hallazgos arqueológicos y paleontológicos que alberga. Entre ellos destacan restos fósiles pertenecientes, al menos, a cuatro especies distintas de homínidos: Homo sp. de la Sima del Elefante, Homo antecessor, Homo heidelbergensis y Homo sapiens.

Sierra de Atapuerca

Sierra de Atapuerca

YACIMIENTOS

País
España
Ubicación
Burgos: 42º 20′ 55.31″ N 3º 31′ 10.58″ O
Era Geológica
Era: Cenozoica
Periodo: Cuaternario
Época: Holoceno – Pleistoceno
Descubridor
Trinidad Torres
Principal Descubrimiento
Homo antecessor, Homo heidelbergensis y Homo sapiens
  • Importancia Científica 98% 98%

Patrimonio de la Humanidad

La Sierra de Atapuerca está delimitada por el río Arlanzón al sur, el río Vena al norte y la sierra de la Demanda —una prolongación del sistema Ibérico— al este. Forma parte del conocido corredor de La Bureba, un paso histórico que conecta el valle del Ebro con la cuenca del Duero. Desde el punto de vista orográfico, se trata de una elevación modesta, cuya cota máxima alcanza los 1079 metros sobre el nivel del mar en la Cumbre de San Vicente. Está formada por calizas cretácicas cubiertas por extensas masas de encinares (Quercus ilex), quejigales (Quercus faginea) y, sobre todo, matorral bajo de aulaga (Genista scorpius), romero (Rosmarinus officinalis), espliego (Lavandula spica), tomillo (Thymus sp.) y salvia (Salvia sp.).

El corredor de La Bureba ha sido utilizado desde tiempos remotos como vía principal de acceso al interior de la península ibérica desde Europa. Como ya se ha señalado, conecta el valle del Ebro —vertiente mediterránea— con el valle del Duero —vertiente atlántica—, y además se sitúa en la ruta que, procedente de los pasos pirenaicos, se dirige hacia diferentes regiones peninsulares, tanto hacia el oeste (Galicia y Portugal) como hacia el sur (meseta castellana, Andalucía, Extremadura, sur de Portugal y África).

A lo largo de la historia, importantes vías de comunicación han atravesado la Sierra de Atapuerca: una de las principales calzadas romanas, el Camino de Santiago en la Edad Media, la carretera N‑I a finales del siglo XIX y, en la actualidad, la autopista AP‑1. No solo los seres humanos —en cualquiera de sus especies— han utilizado este paso; también la fauna y la flora lo han empleado en sus desplazamientos y expansiones. Esto ha favorecido una notable diversidad biológica y una ocupación humana continuada durante más de 800.000 años, gracias a la fertilidad del entorno y la abundancia de recursos.

La Sierra de Atapuerca está formada por una pequeña colina que corresponde a un anticlinal tumbado (vergencia NE y dirección ibérica NNW‑SSE), compuesto por calizas, arenas y areniscas de origen marino pertenecientes al Cretácico Superior (entre 80 y 100 millones de años). Estos materiales están cubiertos por depósitos aportados por el río Arlanzón, que ha generado numerosas terrazas aluviales durante el Cuaternario. La parte más elevada de la colina es completamente plana, lo que indica que ha sufrido una intensa erosión durante millones de años. Alrededor de la sierra, sobre este anticlinal, se encuentran materiales continentales más recientes, de origen cenozoico (entre 25 y 5 millones de años), compuestos por conglomerados calizos y arcillas rojas del Oligoceno‑Mioceno inferior, resultado de la erosión del anticlinal.

Sobre estos conglomerados se depositaron margas, arcillas y yesos. La secuencia estratigráfica culmina con paquetes margosos y calizas con sílex, característicos del antiguo ambiente lacustre que colmató la cuenca sedimentaria del Duero durante el Mioceno superior.

A finales del Plioceno y comienzos del Pleistoceno, el valle fluvial del Arlanzón comenzó a encajarse, generando a su paso por la Sierra de Atapuerca quince niveles de terrazas cuaternarias muy asimétricas. Las crecidas del río y la naturaleza caliza del terreno dieron lugar a un complejo sistema kárstico con numerosas cuevas, muchas de ellas abiertas al exterior por derrumbes o cortes naturales. A través de estas aberturas se fueron acumulando sedimentos durante miles de años: tierra, polvo, polen, restos animales, excrementos… En muchos casos, las entradas quedaron colmatadas o cegadas por derrumbes posteriores, preservando el interior intacto hasta la aparición de nuevas aberturas. Este proceso ha permitido la conservación excepcional de restos y fósiles de homínidos en las cuevas de la Sierra de Atapuerca, protegidos de cambios bruscos de temperatura y humedad.

El 26 de julio de 2007, el Consejo de Gobierno de la Junta de Castilla y León acordó declarar la Sierra de Atapuerca como Espacio Cultural dentro de la categoría de Bien de Interés Cultural. Se convirtió así en el primer Espacio Cultural reconocido en la comunidad autónoma. Esta figura de protección se ampara en la nueva Ley de Patrimonio de Castilla y León y sigue las directrices del Plan PAHIS 2004‑2012, que promueve la conservación y puesta en valor de amplios territorios con relevancia cultural, fomentando además el desarrollo sostenible de las poblaciones que los albergan. Las primeras exploraciones sistemáticas del sistema kárstico de Cueva Mayor, en la Sierra de Atapuerca, se remontan a mediados del siglo XIX, aunque la cueva era conocida y visitada desde mucho antes. En 1863, Felipe Ariño solicitó la propiedad de la cavidad. Cinco años después, en 1868, Pedro Sampayo y Mariano Zuaznávar publicaron una descripción detallada de la cueva, en la que mencionaron por primera vez la actual Sima de los Huesos. Una segunda referencia aparece en 1890, en una solicitud de permiso para explorar otras zonas de Cueva Mayor. Paralelamente a estas primeras investigaciones, se produjeron numerosos expolios y daños en el interior de la cavidad.

A finales del siglo XIX, coincidiendo con la incorporación de España a la Revolución Industrial, se construyó un ferrocarril minero que unía la sierra de la Demanda con Burgos, enlazando con la línea Burgos‑Bilbao. En aquella época, las siderurgias vascas necesitaban grandes cantidades de mineral de hierro y carbón, más de lo que podían suministrar los yacimientos de León y Asturias. La sierra de la Demanda contaba con minas potenciales de hierro y hulla, pero carecía de un medio de transporte adecuado para llevar el mineral hasta los altos hornos de Vizcaya. Para resolver este problema, en 1896 se autorizó la construcción de una línea férrea de vía estrecha a la compañía recién creada por Richard Preece Williams, The Sierra Company Limited. Esta empresa se encargó del tramo entre Monterrubio de la Demanda y Villafría, además de invertir en varias minas situadas en localidades como Pineda de la Sierra, Riocavado de la Sierra, Barbadillo de Herreros, Monterrubio de la Demanda y Valle de Valdelaguna. La obra, en la que participaron unos 1500 trabajadores, abarcó 65 kilómetros y se completó en 1901, cinco años después de su inicio.

En un principio, el trazado ferroviario no atravesaba la Sierra de Atapuerca. Sin embargo, por razones desconocidas, el recorrido final sí lo hizo, cruzando su flanco suroeste mediante una profunda trinchera de medio kilómetro de longitud y casi 20 metros de profundidad en su punto máximo. Este desfiladero artificial, que añadía un kilómetro extra respecto al proyecto original, pudo haberse construido para explotar comercialmente la caliza de la sierra, utilizada como material de construcción desde la Edad Media. La trinchera cortó numerosas cuevas colmatadas con sedimentos pleistocenos —que contenían huesos e industria lítica, aunque nadie reparó en ello entonces—, dejando expuestas sus estratigrafías.

La compañía ferroviaria debía comprometerse a transportar pasajeros y mercancías, no solo mineral, como condición para recibir subvenciones de la Diputación. Para ello adquirió cuatro locomotoras de vapor y diverso material móvil. Sin embargo, la línea nunca llegó a ser rentable debido a los altos precios impuestos por Ferrocarriles del Norte. Hacia 1910 dejó de funcionar y, en 1917, la sociedad Vasco‑Castellana —heredera de The Sierra Company Limited— quebró y desapareció. Aún hoy se conservan puentes, túneles, taludes y estaciones de aquel ferrocarril. En 1950, la trinchera fue reutilizada como cantera, lo que dañó parte de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca.

En 1964, el profesor Francisco Jordá Cerdá inició las primeras campañas de excavación, aunque se interrumpieron poco después. Ocho años más tarde, el Grupo Espeleológico Edelweiss descubrió la Galería del Sílex, que contenía restos de rituales funerarios y pinturas de la Edad del Bronce.

En 1973, el profesor J. M. Apellániz comenzó las excavaciones en el Portalón de Cueva Mayor, realizando once campañas consecutivas.

En 1976, el ingeniero de minas Trinidad de Torres Pérez‑Hidalgo, que realizaba su tesis doctoral sobre osos fósiles, acudió al antropólogo Emiliano Aguirre con varios restos humanos hallados en la Sima de los Huesos, uno de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca. En 1980 comenzaron las excavaciones en la Galería, que se prolongaron durante más de una década. En 1984 se iniciaron las excavaciones sistemáticas en la Sima de los Huesos.

En 1990, Emiliano Aguirre se jubiló y la dirección del proyecto pasó a Juan Luis Arsuaga, José María Bermúdez de Castro y Eudald Carbonell. Desde entonces se han encontrado herramientas líticas del Paleolítico inferior arcaico en la base de la Gran Dolina —datadas en unos 900.000 años— y, en 1992, varios cráneos en la Sima de los Huesos, entre ellos el célebre cráneo número 5, apodado Miguelón en honor a Miguel Indurain. Este hallazgo otorgó relevancia internacional a la Sierra de Atapuerca, convirtiéndola en un referente mundial para el estudio de la evolución humana.

Los años 1994 y 1995 aportaron a la Sierra de Atapuerca un registro excepcional de herramientas del Paleolítico inferior arcaico, acompañadas de restos humanos datados en unos 800.000 años, lo que confirmó una presencia humana muy antigua en Europa. En 1996, el análisis de las marcas presentes en los huesos reveló la práctica de canibalismo ritual, convirtiéndose en la evidencia más antigua de este comportamiento en el continente. Ese mismo año comenzaron las excavaciones en la Sima del Elefante.

El año 1997 marcó un hito fundamental en la Sierra de Atapuerca, ya que se definió una nueva especie humana: Homo antecessor. Las investigaciones realizadas en el yacimiento recibieron importantes reconocimientos, entre ellos el Premio Príncipe de Asturias y el Premio de Ciencias Sociales de la Junta de Castilla y León.

En 1998 se constató que los restos hallados en la Sima de los Huesos —inicialmente atribuidos a Homo heidelbergensis— pertenecían a individuos con capacidad simbólica y pensamiento abstracto. Esta interpretación se apoyó en el hallazgo de un bifaz sin uso, elaborado en cuarcita roja y conocido como Excalibur. Su presencia se ha interpretado como una posible ofrenda funeraria, lo que sugiere que aquellos homínidos ya poseían comportamientos rituales y una concepción espiritual de la muerte.

En 1999 comenzaron las excavaciones en la Cueva del Mirador y, al año siguiente, la Sierra de Atapuerca fue declarada Patrimonio de la Humanidad. Ese mismo año, en la Sima del Elefante, se encontraron herramientas líticas datadas en un millón de años. También se describió una nueva especie de roedor, Microtus (Allophaiomys) lavocati, y se retomaron las excavaciones en el Portalón de Cueva Mayor. Además, entre 1999 y 2007 se llevaron a cabo prospecciones sistemáticas en el entorno de la sierra, identificándose cerca de 200 yacimientos al aire libre del Pleistoceno y Holoceno.

La Gran Dolina proporcionó también una nueva especie de oso de las cavernas, Ursus dolinensis, cuyos restos aparecieron en el nivel TD4.

Aunque ya en la segunda mitad del siglo XIX se habían realizado algunos hallazgos que apuntaban al potencial arqueológico de la Sierra de Atapuerca, no fue hasta el último cuarto del siglo XX cuando se llevaron a cabo estudios sistemáticos que confirmaron la importancia mundial del conjunto. Los yacimientos abarcan una cronología que va desde el Pleistoceno inferior —con más de un millón de años de antigüedad— hasta el Holoceno, proporcionando información sobre fauna, flora y clima. El complejo arqueológico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000 y recibió el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 1997.

Los yacimientos de la Sierra de Atapuerca destacan por la abundancia, conservación y relevancia científica de sus fósiles. Las herramientas líticas halladas abarcan todas las etapas tecnológicas, desde los primeros modos de talla hasta las producciones de la Edad del Bronce. En cuanto a la fauna, se ha identificado una nueva especie de oso de las cavernas, Ursus dolinensis. Pero el hallazgo más significativo es el de los restos humanos, presentes en varios yacimientos —algo poco habitual—, entre los que destacan los fósiles del homínido más antiguo de Europa: Homo antecessor, considerado el último ancestro común entre neandertales, Homo sapiens y Homo heidelbergensis.

A continuación se describen los yacimientos más relevantes de la Sierra de Atapuerca, aquellos que han aportado la mayor cantidad de información para comprender la prehistoria. Entre ellos destacan los ubicados en la Trinchera del Ferrocarril (como la Sima del Elefante, Galería y Gran Dolina) y los pertenecientes al sistema kárstico de Cueva Mayor/Cueva del Silo (como el Portalón, la Galería del Sílex y la Sima de los Huesos). Además, se encuentra la Cueva del Mirador, situada en el extremo sureste de la sierra y sin conexión aparente con el sistema kárstico principal. También se han identificado más de 50 yacimientos al aire libre —como el Valle de las Orquídeas y Hundidero— y numerosos monumentos megalíticos, lo que demuestra que el complejo arqueológico de Atapuerca es muy extenso y no se limita únicamente a la trinchera del ferrocarril.

El yacimiento de la Sima del Elefante, también conocido como Trinchera Elefante (TE), se encuentra en la Trinchera del Ferrocarril y es el primero que aparece al avanzar desde la entrada sur. Dentro del sistema kárstico de Cueva Mayor/Cueva del Silo, se sitúa al final de la Galería Baja, aunque aún se desconoce la relación sedimentológica entre ambos espacios. Se trata de una galería kárstica de más de 15 metros de altura y 18 metros de anchura máxima, completamente colmatada de sedimentos. La trinchera excavada a finales del siglo XIX dejó al descubierto sus depósitos en ambas paredes, siendo la pared este la que se excava actualmente. Su nombre proviene del hallazgo, en 2001, de fósiles inicialmente atribuidos a elefantes, aunque posteriormente se determinó que pertenecían a rinocerontes. Años después se encontró un astrágalo que sí correspondía a un elefante, confirmando la presencia de estos animales en el yacimiento.

Es el yacimiento de la trinchera que comenzó a excavarse de forma sistemática más tarde. Los 21 metros de potencia sedimentaria que presenta abarcan todo el periodo de ocupación humana de la Sierra de Atapuerca correspondiente al Pleistoceno. Sus niveles inferiores, los más antiguos de toda la sierra, se encuentran próximos al subcron paleomagnético Jaramillo y llegan incluso a situarse 3,5 metros por debajo del nivel actual de la trinchera, con una antigüedad superior al millón de años (Pleistoceno Inferior). En estos niveles se han hallado restos de fauna acompañados de herramientas líticas, lo que demuestra la presencia de homínidos en una época anterior a la de Homo antecessor en Gran Dolina (unos 780.000 años). Además, algunos huesos de animales presentan marcas de corte producidas por herramientas de piedra durante la descarnación, lo que permite inferir aspectos de la dieta de aquellos homínidos. En los niveles superiores han aparecido herramientas musterienses (modo 3), asociadas a neandertales, junto con fósiles de caballos y ciervos.

En marzo de 2008 se anunciaron nuevos restos humanos hallados en este yacimiento: parte de una mandíbula perteneciente a un individuo de unos 20 años, acompañada de 32 herramientas de sílex del tipo olduvayense (modo 1). Estos materiales han sido datados en 1,2 millones de años, una antigüedad muy superior a la de los restos originales de Gran Dolina, lo que adelanta notablemente la presencia de homínidos en Europa. Aunque inicialmente se atribuyeron a Homo antecessor, posteriormente se clasificaron como Homo sp., es decir, pertenecientes al género Homo pero sin asignación específica, y probablemente representen una nueva especie aún por definir. La mandíbula presenta rasgos que la acercan a los Homo más antiguos de África y de Dmanisi (Georgia), aunque también muestra características propias.

El yacimiento de la Galería se encuentra en la Trinchera del Ferrocarril y fue el primero de los yacimientos de la trinchera excavado de manera sistemática. Se trata de una galería subterránea (sección TG) que se abre al exterior mediante una chimenea (sección TN) en forma de sima. La entrada original parece haber estado situada en la zona izquierda, conocida como la Covacha de los Zarpazos (sección TZ). El hundimiento del techo de la galería originó la chimenea, que actuó como una trampa natural en la que caían —o eran empujados por cazadores— numerosos animales, cuyos restos eran aprovechados posteriormente por humanos y otros carnívoros.

Los depósitos de Galería abarcan una cronología comprendida entre 200.000 y 400.000 años. Se han identificado cinco fases sedimentarias (TGI–TGV), siendo la tercera la que presenta una ocupación humana más intensa. En esta fase se han documentado hasta 13 niveles distintos de actividad humana, con abundantes herramientas líticas del modo 2 (Achelense) y restos de ciervos, caballos, bisontes y rinocerontes. Los huesos muestran marcas de dientes de osos, leones, zorros y linces. También se ha encontrado un fragmento de cráneo perteneciente a Homo heidelbergensis.

El yacimiento de la Gran Dolina, situado en el interior de la Trinchera del Ferrocarril, es el más conocido de la Sierra de Atapuerca, ya que en él aparecieron los primeros restos de Homo antecessor. Presenta 18 metros de sedimentos que abarcan una secuencia temporal desde hace un millón de años (nivel TD1) hasta hace 200.000 años (nivel TD11). En estos 18 metros se han diferenciado 11 niveles estratigráficos. En los niveles inferiores se han encontrado restos de grandes carnívoros, como el tigre de dientes de sable y la hiena manchada —ambos en su registro más antiguo de Europa—, así como una nueva especie de oso, antecesor del oso de las cavernas, denominada Ursus dolinensis. También se han hallado herramientas líticas del modo 1 en el nivel TD4, similares a las de la base de la Sima del Elefante, con una antigüedad de un millón de años.

En el nivel TD6 se descubrieron en 1994 los restos que posteriormente serían descritos como una nueva especie humana: Homo antecessor, uno de los primeros pobladores de Europa y procedente de África. El estudio de los huesos reveló marcas de corte realizadas con herramientas, lo que indica que estos antiguos habitantes practicaban el canibalismo. El nivel siguiente, TD7, conserva el registro de la inversión magnética del campo terrestre que marca el límite Matuyama‑Brunhes, hace unos 780.000 años, así como un breve episodio de polaridad normal que permite precisar aún más la edad, en torno a 900.000 años. Es importante señalar que los fósiles de Homo antecessor se encuentran en niveles inferiores, por lo que su antigüedad es mayor que la de la inversión magnética. El nivel TD10 contiene industria lítica de tipo 3, aunque de carácter muy rudimentario.

En la Sierra de Atapuerca se han seguido encontrando restos de Homo antecessor, lo que confirma la enorme relevancia y riqueza de este yacimiento. Además, se han descubierto nuevas especies animales en sus sedimentos, como el oso Ursus dolinensis y la musaraña Dolinasorex glyphodon. El yacimiento conocido como Sima de los Huesos es una pequeña cámara situada en la base de un pozo de 13 metros de profundidad, ubicado en la zona más profunda de Cueva Mayor. En este lugar se ha recuperado una gran cantidad de huesos humanos y animales en un estado de conservación excepcional. Los sedimentos con restos humanos datan de al menos 430.000 años, es decir, del Pleistoceno Medio.

La importancia de este yacimiento dentro de la Sierra de Atapuerca radica en la enorme cantidad de restos humanos recuperados: más de 6.500 fósiles pertenecientes a un grupo de al menos 28 individuos (NMI) de una única paleopoblación de Homo heidelbergensis, considerada antecesora de los neandertales. Estos restos representan más del 90 % de todos los fósiles humanos conocidos del Pleistoceno Medio en el mundo. Entre ellos destacan diecisiete cráneos, incluido el famoso cráneo número 5, conocido popularmente como “Miguelón” en honor a Miguel Indurain, y considerado el cráneo de Homo heidelbergensis mejor conservado del planeta. También se han encontrado numerosos huesos de todo tipo, desde pelvis —como la célebre “Elvis”, la pelvis más completa del registro fósil— hasta diminutos huesos del oído. El estudio de “Elvis” ha permitido concluir que Homo heidelbergensis tenía una estatura similar a la nuestra, pero un cuerpo más robusto. Su cavidad pélvica era más amplia, lo que facilitaba el parto en las mujeres.

Se cree que esta zona de la Sierra de Atapuerca funcionó como un lugar de enterramiento y culto a los difuntos. Entre todos los restos solo se ha encontrado una herramienta lítica: un bifaz de cuarcita roja, sin señales de uso, descubierto en 1998 y bautizado como Excalibur. Se interpreta como una posible ofrenda funeraria, lo que sugiere la existencia de pensamiento simbólico, reflexión sobre la muerte y capacidad emocional. Esto sitúa a Homo heidelbergensis como un ser humano completo no solo en lo físico, sino también en lo espiritual.

El estudio tafonómico de algunas fracturas presentes en los huesos —propias de la fase bioestratinómica— indica que podrían haberse producido por fuertes impactos al caer los cuerpos desde los trece metros de altura del pozo. En cambio, las fracturas de los huesos largos parecen corresponder a roturas postdeposicionales, típicas de enterramientos colectivos. Sin embargo, la prueba más contundente de que la acumulación de restos humanos fue intencionada procede del cráneo número 17. Tras su restauración en 2015, se identificaron dos orificios perimortem en la parte superior del cráneo, causados por un mismo objeto punzante y de carácter letal. Esto demuestra que el individuo sufrió una muerte violenta y que su cuerpo fue arrojado a la sima ya sin vida.

Entre los restos de carnívoros recuperados en esta zona de la Sierra de Atapuerca destaca la abundancia de fósiles de oso Ursus deningeri, con más de 180 individuos representados.

Este yacimiento es considerado único en el mundo por la magnitud y calidad de los hallazgos realizados en él.

El yacimiento del Portalón, situado en la entrada de Cueva Mayor, ha permitido documentar una parte fundamental de la Edad del Bronce, entre 3690 y 2900 años atrás. Se han encontrado cerámicas decoradas con más de 400 motivos iconográficos, así como herramientas de hueso y bronce, y diversos adornos elaborados en hueso, asta y marfil.

Las excavaciones en este sector de la Sierra de Atapuerca han alcanzado niveles del Pleistoceno Superior, aunque con escasa presencia humana. Las ocupaciones más significativas corresponden al Neolítico, el Calcolítico y la Edad del Bronce.

En el esqueleto de un niño datado por radiocarbono entre 5030 y 5020 años calibrados antes del presente, se han identificado signos de raquitismo y escorbuto, enfermedades metabólicas poco documentadas en yacimientos europeos de cronología similar. Esto aporta información valiosa sobre la alimentación y las condiciones de vida de estas poblaciones prehistóricas.

La Galería del Sílex, descubierta en 1964 por el Grupo Espeleológico Edelweiss de Burgos, conserva espectaculares vestigios de la Edad del Bronce. Ha permanecido cerrada desde tiempos muy cercanos a esa época, lo que ha permitido una conservación excepcional tanto del suelo donde se desarrollaron actividades humanas como del arte rupestre. En una de sus cámaras se han encontrado numerosos restos humanos y animales, acompañados de herramientas de piedra y hueso, así como cerámica, lo que indica actividades rituales. Sus paredes muestran abundantes pinturas y grabados, muchos de cuyos símbolos coinciden con los motivos decorativos de la cerámica hallada.

El yacimiento del Mirador es el más alejado del núcleo principal del complejo arqueológico de la Sierra de Atapuerca, y en él se han encontrado restos pertenecientes al Neolítico, Calcolítico y Edad del Bronce. El hallazgo más destacado es un enterramiento colectivo formado por hasta seis individuos de diferentes edades y sexos, datado en unos 3670 años. Este descubrimiento indica que la cueva fue utilizada como espacio sepulcral durante un periodo prolongado. Por su parte, el yacimiento del Valle de las Orquídeas no se encuentra en una cueva, sino al aire libre. Su antigüedad se sitúa entre 27.000 y 30.000 años, perteneciendo al Pleistoceno Superior, y no existen evidencias de otras ocupaciones posteriores. Su localización responde a la abundancia de recursos y al dominio visual que ofrecía sobre el territorio circundante.

El equipo investigador de la Sierra de Atapuerca publica actualmente sus trabajos en revistas científicas internacionales de gran prestigio, como Nature, PNAS y Science, y goza de un reconocimiento mundial dentro del campo de la paleoantropología. Atapuerca constituye el conjunto de restos humanos más antiguos y numerosos de Europa. Fue declarada Patrimonio Cultural por la UNESCO en el año 2000, y los descubrimientos realizados en ella han tenido un impacto científico extraordinario.

El conjunto de yacimientos de la Sierra de Atapuerca está catalogado como “Lugar de interés geológico español de relevancia internacional” (Geosite) por el Instituto Geológico y Minero de España, bajo la denominación “VP006: Atapuerca”, dentro de la categoría de yacimientos de vertebrados del Plioceno‑Pleistoceno español. Algunos de los hallazgos alcanzan los 800.000 años de antigüedad, e incluso 1,2 millones de años. Estos descubrimientos han transformado por completo las teorías sobre quién fue el primer poblador de Europa, cuándo llegó, de dónde procedía y cuáles eran sus características biológicas y culturales. Además, ciertos restos destacan por pertenecer a un grupo completo, no a individuos aislados, lo que permite reconstruir la vida de una comunidad de homínidos de más de 30 miembros hace 300.000 años.

Los hallazgos de la Sierra de Atapuerca, en conjunto, nos permiten recorrer paso a paso una parte fundamental de la evolución humana, aportando información única sobre nuestros orígenes, nuestra biología y nuestras formas de vida a lo largo de cientos de miles de años.

La Sierra de Atapuerca es un referente mundial en el estudio de la evolución humana, y los trabajos realizados por su equipo investigador continúan publicándose en revistas científicas de máximo prestigio internacional, como Nature, PNAS y Science. El reconocimiento global hacia estos yacimientos se debe a que Atapuerca reúne los restos humanos más antiguos y numerosos de Europa, lo que la convierte en un enclave único para comprender la historia de nuestra especie. Desde el año 2000, la UNESCO la reconoce como Patrimonio Cultural de la Humanidad, y los descubrimientos realizados en ella han tenido un impacto científico extraordinario.

El conjunto de yacimientos de la Sierra de Atapuerca está catalogado como “Lugar de interés geológico español de relevancia internacional” (Geosite) por el Instituto Geológico y Minero de España, bajo la denominación “VP006: Atapuerca”, dentro de la categoría de yacimientos de vertebrados del Plioceno‑Pleistoceno español. Algunos de los hallazgos alcanzan los 800.000 años de antigüedad, e incluso 1,2 millones de años. Estos descubrimientos han transformado profundamente las teorías sobre quién fue el primer poblador de Europa, cuándo llegó, de dónde procedía y cuáles eran sus características. Además, ciertos restos destacan por pertenecer a un grupo completo, no a individuos aislados, lo que permite reconstruir la vida de una comunidad de homínidos de más de 30 miembros hace 300.000 años.

Los hallazgos de la Sierra de Atapuerca, en conjunto, nos permiten recorrer paso a paso una parte esencial de la evolución humana. Cada yacimiento, cada estrato y cada fósil aportan información única sobre nuestros orígenes, nuestra biología y nuestras formas de vida a lo largo de cientos de miles de años. Atapuerca no solo ha cambiado lo que sabíamos sobre el pasado: ha abierto nuevas preguntas y líneas de investigación que siguen ampliando nuestro conocimiento sobre la historia profunda de la humanidad.

Sierra de Atapuerca

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