Período Triásico
ERA MESOZOICA
El período Triásico es una división de la escala temporal geológica que pertenece a la Era Mesozoica; dentro de esta, el Triásico ocupa el primer lugar precediendo al Jurásico. Comenzó hace 251 millones de años y acabó hace 201 millones de años. Debe su nombre a las tres capas de rocas (del griego «τριάς», que se lee «triás» y significa «tres») que encontró el geólogo alemán Friedrich von Alberti en sus estudios en Alemania y Europa noroccidental en 1834.
Como ocurre con la mayoría de los períodos geológicos, las fechas exactas de inicio y fin son imprecisas en unos pocos centenares de miles de años. En el caso de este período, tanto el inicio como el final están marcados por importantes eventos de extinción: la extinción masiva del Pérmico-Triásico y la del Triásico-Jurásico.
Los primeros mamíferos, los cuales evolucionaron de los reptiles mamiferoides, hicieron su aparición en este período.
La deriva continental acercó los continentes; junto con la gran regresión marina del Triásico, fueron las dos causas de la formación del supercontinente Pangea. A principios del Jurásico las tierras emergidas volvieron a separarse. Debido a esta regresión, las plataformas continentales quedaron sobre el nivel del mar, lo que condujo, a su vez, al descenso de la deposición de sedimentos carbonatados, que necesitan profundidades relativamente someras.
Es en los sedimentos de este período donde aparecen los fósiles de los primeros dinosaurios, representados por formas bípedas de pequeño tamaño, carnívoras. No obstante, a finales del período ya se habían diversificado a gran escala y se habían convertido en los vertebrados dominantes en todo el planeta, llevando a la extinción a grupos más primitivos, como los arcosaurios, y a los reptiles mamiferoides con escasas excepciones.
PALEOGEOGRAFÍA
El supercontinente Pangea comenzó su dislocación durante este período, especialmente en el Triásico Superior, pero todavía no se había separado. Laurasia incluía Norteamérica, Europa y gran parte de la actual Asia. Gondwana comprendía África, Arabia, India, Australia, la Antártida y Sudamérica. Pangea se desplazaba muy lentamente hacia el norte en este período, y en ese proceso el supercontinente empezó a mostrar los primeros signos de su fraccionamiento, con la aparición de brechas en la parte oriental de Norteamérica, en las zonas central y occidental de Europa y en el noroeste de África.
El nivel del mar subió ligeramente durante el Triásico Inferior; sin embargo, el volumen de áreas emergidas fue todavía muy alto. El océano Tetis, que formaba un amplio golfo, se convirtió en ruta de invasión marina. Aunque las plantas terrestres dominantes en el Triásico difieren de las pérmicas, las pautas de distribución sobre Pangea permanecieron (floras del sur de Gondwana, siberiana y de Laurrusia de condiciones más secas y cálidas en latitudes ecuatoriales).
Debido a que un supercontinente tiene menos costa en comparación con una serie de continentes más pequeños, los depósitos marinos del período riásico son relativamente poco comunes a escala global. Una excepción importante es Europa occidental, donde se estudió por primera vez el Triásico. El margen nororiental de Gondwana era un margen pasivo estable a lo largo del océano Neo-Tetis, y los sedimentos marinos se han conservado en partes del norte de la India y la península arábiga. En América del Norte, los depósitos marinos se limitan a unas pocas exposiciones en el oeste.
SUBDIVISIONES
ESTRATIGRAFÍA
El primer tramo basal, lo forma areniscas y conglomerados rojos (Buntsandstein), como Trías Inferior; un segundo, intermedio, de formaciones carbonatadas típicas de ambientes marinos someros, tipo albuferas (Muschelkalk), como Trias Medio; y un tercero, de arcillas rojas abigarradas con evaporitas (Keuper), de antiguos ambientes muy áridos, como Trías Superior, cuyos materiales presentan una alta plasticidad (diapirismo o halocinosis). También cabe diferenciar este Trias Germánico, del Trías de la tectofacies alpina, integrado este último, principalmente, por mantos de corrimiento carbonatados, por ejemplo, los mármoles de edad triásica del Complejo Alpujárride de la cordillera Penibética.
La bioestratigrafía del período Triásico continental se basa principalmente en tetrápodos terrestres y de agua dulce, así como en concostráceos («camarones almeja»), un orden de crustáceo de evolución rápida que vivía en lagos y ambientes hipersalinos.
CLIMA
El Triásico puede haber sido mayoritariamente un período seco, pero hay pruebas de que estuvo marcado por varios episodios de aumento de las lluvias en las latitudes tropicales y subtropicales del mar de Tetis y sus alrededores. Se conocen sedimentos y fósiles que sugieren un clima más húmedo desde el Anisiense hasta el Ladiniense del dominio del Tetis, y del Carniense y Rhaetiense de un área mayor que incluye también el dominio boreal (por ejemplo, las actuales islas Svalbard), continente de América del Norte, el bloque de China del Sur y Argentina.
El mejor estudiado de estos episodios de clima húmedo, y probablemente el más intenso y extendido, fue el evento pluvial Carniense. Un estudio de 2020 encontró burbujas de dióxido de carbono en las rocas basálticas que se remontan al final del Triásico, y concluyó que la actividad volcánica ayudó a desencadenar el cambio climático en este período.
FLORA
Entre la vegetación arbórea había algunas coníferas y ginkgos. Los helechos predominaban en las zonas húmedas, junto con cicadáceas con una morfología similar a las palmeras y algunos predecesores de los pinos actuales. Gondwana, mucho más húmeda, estaba poblada por bosques de helechos gigantescos y coníferas voluminosas.
Existen pruebas de que los escarabajos estaban implicados en la polinización de algunas gimnospermas, pero por lo demás había pocas de estas plantas que trataran de atraer a los insectos, incluso parece como si los conos de las cícadas estuvieran diseñados para ahuyentarlos. Más de la mitad de las especies conocidas de insectos estaban equipadas para perforar, mordisquear y succionar los cuerpos de las plantas.
FAUNA
Los registros fósiles triásicos se han encontrado en varias regiones: en la cuenca de Karroo de Sudáfrica, en Rusia cerca de los Montes Urales, en Ischigualasto, San Juan, Argentina, en el Bosque Petrificado de Arizona, etc. Todos estos registros cuentan la misma historia.
Los reptiles dominaron la superficie terrestre en este período. No obstante, la mayoría de los géneros de reptiles mamiferoides del Pérmico desaparecieron repentinamente. En el inicio del Triásico quedaron unos pocos géneros de predadores y el gran herbívoro Lystrosaurus, que es famoso por su presencia fósil en muchos de los fragmentos ampliamente dispersados de Gondwana.
Los reptiles mamiferoides se rediversificaron durante el Triásico jugando un importante papel ecológico y dejando un legado importante, los mamíferos verdaderos, que evolucionaron a partir de ellos al fin del Triásico.
La mayoría de los dinosaurios aparecieron a finales del período Triásico. Entre ellos destacaban los terópodos y los prosaurópodos. En ausencia de competencia y con nichos ecológicos vacíos, los primeros dinosaurios colonizaron rápidamente la tierra. Cabe destacar Procompsognathus y Plateosaurus.
Los más abundantes fueron los pterosaurios, un orden de reptiles distinto a los dinosaurios, de sangre caliente, cabeza grande, cuerpo pequeño y alas largas y estrechas terminadas en cuatro garras diminutas.
A diferencia de sus predecesores, los pterosaurios ya eran capaces, a finales del período Triásico, de realizar vuelos de una cierta duración, cubriendo distancias inusitadas hasta el momento.
Los pterosaurios fósiles son muy comunes y han sido hallados centenares de especímenes, pertenecientes a ocho géneros distintos. Eudimorphodon posiblemente fue el primero de todos ellos.
Los corales Hexacorallia aparecen en el Triásico medio. Los primeros arrecifes eran pequeños (menos de 3 metros) y estaban construidos por pocos tipos de organismos. Al final del Triásico, los arrecifes eran más grandes, y algunos han sido construidos por más de 20 especies diferentes.
FINAL DEL TRIÁSICO
Los beneficiarios primarios de la extinción sobre la tierra fueron los dinosaurios, que se expandieron rápidamente durante el Jurásico y dominaron los hábitats terrestres a lo largo del resto de la Era Mesozoica. Los únicos reptiles marinos que sobrevivieron fueron los ictiosaurios y los plesiosaurios.
Las evidencias sugieren que hubo dos pulsos de extinción triásica, uno anterior y otro al final del período. La sincronización de estas extinciones en los mares es poco clara y las causas de las extinciones triásicas permanecen desconocidas. Un análisis en el noroeste de Arizona en el 2002 sobre el límite Carniense-Noriense, no mostró cambios bruscos en el paleoambiente, por lo que la posibilidad climatológica no fue respaldada.
En los ecosistemas terrestres, uno de los efectos de la extinción fue la reorganización de las comunidades vegetales. Durante este tiempo, las coníferas y otras gimnospermas comenzaron a reemplazar las plantas con semillas que habían dominado anteriormente los hábitats de baja altitud en Gondwana. Este cambio en la vegetación marcó el inicio de una nueva etapa en la evolución de las plantas terrestres, con las coníferas alcanzando una mayor expansión durante el Jurásico. En cuanto a la fauna marina, a pesar de la desaparición de varios grupos, los reptiles marinos como los ictiosaurios y los plesiosaurios lograron sobrevivir y diversificarse en los mares jurásicos, mientras que muchos de los nichos vacantes fueron ocupados por nuevos grupos de invertebrados.
Al final del Triásico, además de las extinciones marinas y terrestres ya mencionadas, se produjeron importantes cambios geológicos que influenciaron tanto el clima como los ecosistemas. Uno de los eventos más significativos fue el inicio de la fragmentación de Pangea, el supercontinente que había dominado la mayor parte del Triásico. Esta fragmentación comenzó a separar los continentes que formarían más tarde el Atlántico, lo que contribuyó a una mayor actividad volcánica, especialmente en la región de los Montes Centrales Atlánticos. Las enormes erupciones volcánicas liberaron grandes cantidades de dióxido de carbono y gases de efecto invernadero, provocando fluctuaciones climáticas que posiblemente desencadenaron las extinciones.
Otro aspecto clave del final del período Triásico fue la resiliencia y la posterior expansión de los dinosaurios. Mientras que muchas formas de vida sucumbieron a las duras condiciones ambientales, los dinosaurios aprovecharon los cambios. La extinción de grandes competidores como los reptiles mamiferoides y anfibios permitió a los dinosaurios expandirse y diversificarse, ocupando nuevos nichos ecológicos. Al comenzar el Jurásico, los dinosaurios no solo se habían convertido en los depredadores dominantes, sino que también ocuparon roles herbívoros clave, lo que aseguró su dominio durante la mayor parte de la Era Mesozoica.








