Período Pérmico
ERA PALEOZOICA
El período Pérmico es una división de la escala temporal geológica que pertenece a la Era Paleozoica; esta se divide en seis períodos de los que el Pérmico ocupa el último lugar siguiendo al Carbonífero. Comenzó hace unos 299 millones de años y acabó hace unos 251 millones de años. Debe su nombre a la ciudad rusa de Perm, lugar donde el geólogo escocés Roderick Murchison identificó este sistema en 1841.
El período Pérmico presenció la diversificación de los primeros amniotas en los grupos ancestrales de mamíferos, tortugas, lepidosaurios y arcosaurios. El mundo en aquel tiempo estaba dominado por dos continentes, conocidos como Pangea y Siberia, rodeados por un océano global llamado Panthalassa.
El Pérmico, y con él la Era Paleozoica, terminó con la extinción masiva del Pérmico-Triásico, la mayor extinción en la historia de la Tierra, en la que desaparecieron el 81 % de las especies marinas4 y el 70 % de las terrestres.
En el Pérmico hubo importantes cambios climáticos con una tendencia general de climas tropicales a condiciones más secas y áridas. Se produjo una contracción de los pantanos. Se extinguieron gran cantidad de helechos arborescentes (Lycopodiophyta) y anfibios, que requerían condiciones húmedas. Los helechos con semilla, los reptiles y los reptiles mamiferoides dominaron los ambientes terrestres. Los glaciares del Carbonífero sobre la región polar del sur de Gondwana retrocedieron durante el Pérmico.
En ese período finalizó la orogenia varisca debida a la formación del gran continente llamado Pangea.
PALEOGEOGRAFÍA
El nivel del mar Pérmico permaneció generalmente bajo. En el Pérmico, la unión entre Siberia y Europa oriental a lo largo de los Urales produjo la unión casi completa de Pangea. El sudeste de Asia era la única masa terrestre de gran tamaño separada y así seguiría durante el Mesozoico.
Pangea se situaba sobre el ecuador y se extendía hacia los polos, con el correspondiente efecto en las corrientes oceánicas del gran océano Panthalassa (el «mar universal») y del océano Paleo-Tetis, que se situaba entre Asia y Gondwana.
El continente Cimmeria se formó a partir de una dislocación de Gondwana y deriva hacia al norte, cerrando el océano Paleo-Tetis. De esta forma, un nuevo océano estaba creciendo en el extremo sur, el océano Tetis, que dominaría gran parte del Mesozoico.
El nivel del mar en el período Pérmico se mantuvo por lo general bajo, y los ecosistemas próximos a la costa se ven limitados por la unión de casi todos los grandes continentes en un solo supercontinente, Pangea. Esto podría haber causado en parte la extinción generalizada de las especies marinas al final del período al reducirse severamente las zonas costeras someras preferidas por muchos organismos marinos.
La formación de importantes cadenas montañosas contribuyó a favorecer los contrastes climáticos en el globo y las barreras locales que suponían las cordilleras recién formadas favorecieron aún más el provincialismo. Las regiones polares seguían siendo regiones bastante frías y las ecuatoriales bastante cálidas, por lo que las floras de latitudes bajas en el Pérmico Superior seguían siendo distintas. Las floras del Pérmico continuaron además las adaptaciones hacia climas cada vez más secos que se habían iniciado en el Carbonífero Superior. Las condiciones climáticas propiciaron a su vez el depósito de grandes espesores de evaporitas, favoreciendo la mayor concentración de depósitos de sal de todos los tiempos geológicos. Los depósitos de dunas también son muy comunes, indicando la situación de antiguos desiertos.
Tres áreas generales son especialmente conocidas por sus extensos depósitos del Pérmico: los Montes Urales (donde se encuentra Perm), China y el suroeste de Norteamérica, donde el estado de Texas tiene uno de los depósitos más gruesos de rocas del Pérmico.
SUBDIVISIONES
ESTRATIGRAFÍA
El Pérmico se divide en tres épocas o subperiodos: Cisuraliense, Guadalupiense y Lopingiense, cada una marcada por diferencias en los registros estratigráficos, climáticos y biológicos.
Durante el Cisuraliense (Pérmico Inferior), gran parte de los continentes se encontraba bajo climas secos y áridos, debido a la formación de Pangea, que limitaba la circulación oceánica. Los depósitos sedimentarios de esta época están dominados por sedimentos clásticos (areniscas, conglomerados y lutitas) y rocas evaporíticas (yeso y halita), formadas en ambientes desérticos y de cuenca cerrada.
El Lopingiense (Pérmico Superior) marca un cambio significativo, ya que las condiciones climáticas se volvieron aún más extremas, con zonas áridas expandiéndose y los niveles del mar descendiendo en varias partes del mundo. En esta época, se observan grandes secuencias de lutitas rojas, formadas en ambientes continentales cálidos y secos. También se desarrollaron cuencas anóxicas en algunos mares interiores, donde los depósitos de lutitas negras indican condiciones de bajo oxígeno, lo que tuvo un impacto en la biodiversidad marina.
Hacia el final del período Pérmico, el evento más significativo fue la extinción masiva pérmica-triásica, que acabó con aproximadamente el 90% de las especies marinas y el 70% de las especies terrestres. Este evento catastrófico está registrado en el registro geológico por un cambio dramático en los tipos de fósiles y en la composición de los sedimentos. Se observan en algunas partes del mundo capas de sedimentos oscuros y ricos en materia orgánica, así como una disminución abrupta en la biodiversidad en los estratos superiores del período Pérmico. Los fósiles índice del Pérmico incluyen braquiópodos, ammonoideos y trilobites en las primeras etapas, pero hacia el final del período, muchas de estas especies desaparecieron. Los conodontos, pequeños organismos marinos, son particularmente útiles para la correlación estratigráfica, ya que tienen una distribución global y evolucionaron rápidamente.
En resumen, la estratigrafía del período Pérmico refleja un período de grandes cambios tectónicos y climáticos, con la formación de Pangea y la reducción de los mares someros. Los depósitos sedimentarios incluyen grandes cuencas de evaporitas y sedimentos clásticos en las zonas continentales, junto con carbonatos marinos en los márgenes. La extinción masiva al final del Pérmico dejó una marca indeleble en el registro estratigráfico, con un cambio abrupto en los fósiles y en los tipos de rocas que marcaron el fin de la era Paleozoica y el inicio del Mesozoico.
CLIMA
Hacia la mitad del período, el clima se hizo más cálido y suave, los glaciares habían retrocedido, y el interior continental se hizo más seco. Gran parte del interior de Pangea era probablemente una zona árida, con grandes fluctuaciones estacionales (húmedas y secas), debido a la falta del efecto moderador de las masas de agua. Esta tendencia a la sequedad continuó hasta el Pérmico tardío, junto con la alternancia de períodos de calentamiento y enfriamiento.
FLORA
Durante el Pérmico, las gimnospermas, que incluían los antecesores de las modernas coníferas (transición entre coníferas y Cordaitales, que fueron las Voltziales, como Walchia), dominaron los medios terrestres.
El período Pérmico vio la radiación de muchos grupos importantes de coníferas, entre ellos los antepasados de muchas de las familias actuales. Ginkgos y cícadas también aparecieron durante este período. Ricos bosques estaban presentes en muchos ambientes, con una mezcla de diversos grupos de plantas.
Hay un paralelismo interesante entre la evolución de las semillas en plantas y reptiles. Las plantas con esporas y anfibios requieren humedad ambiental durante parte de su ciclo vital. El origen de las plantas con semilla y los reptiles representaron la transición a una existencia totalmente terrestre. Durante el Pérmico, los reptiles se diversificaron y aparentemente comenzaron a reemplazar a los anfibios en diversos papeles ecológicos, probablemente porque los reptiles tenían más dientes y una mandíbula más avanzada a la que se unía una mayor agilidad y velocidad. Del mismo modo ocurrió con las esporas y las semillas. Las rocas pérmicas de Texas tienen faunas de grandes anfibios y reptiles que dan a conocer este patrón.
FAUNA
Los depósitos marinos del Pérmico son ricos en fósiles de braquiópodos, equinodermos y moluscos. Gran parte de Europa y Norteamérica estaban situadas en el ecuador (depósitos calizos de gran espesor). Las algas englobaron esponjas y briozoos para formar arrecifes de barrera. Los fusulínidos son un grupo de grandes foraminíferos que tuvieron una gran radiación adaptativa (5000 especies en rocas pérmicas).
El fitoplancton constituido por acritarcos persistió aunque ya no se recuperó de la gran extinción del final del Devónico. Los ammonoideos se rediversificaron rápidamente y también aparecen grandes representantes de los nautiloideos. Los principales grupos primitivos de peces ya habían desaparecido (placodermos, ostracodermos, etc.) y acantodios y dipnoos estaban en declive. Dominaban peces óseos y tiburones, y estos últimos tendieron hacia diseños más móviles, convirtiéndose en predadores cada vez más efectivos.
La innovación evolutiva más espectacular de algunos anfibios fue el huevo cleidoico («cerrado»), que los convirtió en reptiles y liberó de su dependencia acuática para la reproducción permitiéndoles explorar las riquezas interiores de la tierra, lejos de los mares, lagos y ríos donde se habían originado sus ancestros. Los reptiles, a diferencia de los anfibios, no ponen el huevo en el agua. El lazo reproductivo que les unía a sus ancestros, los peces, queda así definitivamente cortado. La estructura más probable de ser un huevo de reptil es del Pérmico inferior, pero se supone que el huevo amniota apareció en el Carbonífero.
En esta época los anápsidos llegaron al pico en forma de los masivos Pareiasaurus, así como los pequeños grupos de reptiles similares a lagartos. Un grupo de pequeños reptiles, los diápsidos, comenzó a abundar. Estos fueron los antepasados de los reptiles más modernos y de los arcosaurios. A finales del período Pérmico surgirían los primeros arcosaurios, el grupo que daría lugar a los cocodrilos, pterosaurios y dinosaurios en el período siguiente. En resumen, el período Pérmico vio el desarrollo de una fauna plenamente terrestre y la aparición de los primeros grandes herbívoros y carnívoros. No hubo vertebrados aéreos en este período.
En el período Pérmico inferior los pelicosaurios (primeros reptiles mamiferoides) habían llegado a ser los carnívoros que ocupaban el vértice de la cadena trófica de los ecosistemas terrestres.
- Las patas se ubicaron más verticalmente debajo del cuerpo.
- Además las mandíbulas eran complejas y poderosas.
- Los dientes de muchas especies estaban muy diferenciados, en el frente incisivos y en los laterales grandes caninos para rasgar y los molares y premolares triturar y cortar comida.
Muchos expertos creen que los terápsidos eran de sangre caliente y con el pelo parecido al de los mamíferos modernos que aislaba sus cuerpos. De todos modos, las posturas más erguidas y las mandíbulas complejas muestran que estos activos animales se acercaron en la anatomía y comportamiento al nivel mamífero de evolución.
FINAL DEL PÉRMICO
Hay un registro muy detallado de los hábitats marinos durante el período Pérmico. Las comunidades de suelos duros (lodos calcáreos a medio consolidar) estaban ocupadas por filtradores fijos como briozoos y crinoideos, e intensamente bioturbadas por esponjas, bivalvos, gusanos y otros. Las comunidades de fondos lodosos no calcáreos eran más pobres de bivalvos, artrópodos, gusanos y similares.
Estas comunidades habían quedado devastadas antes de comenzar el Triásico. Nunca más volverían a verse las típicas comunidades paleozoicas.
Del 46 % de las familias supervivientes, casi todas sufrieron una drástica reducción; algunas de ellas solo se abrieron paso durante el Triásico con grandes dificultades. El grado de extinción, sin embargo, varió en gran medida, dependiendo de la familia: 98 % de crinoideos, 78 % de braquiópodos articulados, 76 % de briozoos, 71 % de cefalópodos, 50 % de los microscópicos foraminíferos planctónicos. Desaparecieron completamente Blastoidea (equinodermos pedunculados), Eurypterida, Tabulata, Rugosa (que ya venían diezmados de la crisis devónica) y los trilobites que aún quedaban. En resumen, desapareció un 79 % de las familias de invertebrados típicas del Paleozoico, en contraste con el 27 % de gasterópodos, esponjas y bivalvos, la fauna «moderna» que los reemplazó. Estudios detallados han revelado que, a pesar de que las extinciones del Pérmico tardío eran a veces muy súbitas, la mayoría de ellas ocurrieron como procesos de decadencia a largo plazo. Los cambios lentos parecen sugerir una alteración gradual en las condiciones de vida, es decir, una pauta «uniformista». Las caídas y auges más agudos parecen indicar que los procesos de extinción masiva suceden cuando una tendencia ya existente sufre una brusca aceleración a causa de uno o varios acontecimientos repentinos.
Las anteriores cifras presentan un inconveniente: están basadas en una diversidad global de solo 37 familias terrestres, mientras que las marinas eran unas 500, por lo que el margen de error en las primeras es posiblemente más alto. Nuevos estudios del registro fósil sugieren otras dos caídas de la diversidad de magnitud muy similar (5 a 10 y 20 millones de años antes del final del Pérmico). Aunque los registros son escasos, existen diversas localidades que confirman estas pautas.
Las extinciones que durante este período se dieron entre las plantas terrestres parecen haber seguido un modelo de cambio a muy largo plazo. Las floras típicas del Paleozoico tardío consistían en helechos con semillas provistos de grandes hojas, cordaitales y helechos pecoptéridos en las regiones ecuatoriales.
Los cordaitales también dominaban en latitudes boreales elevadas, mientras que Glossopteris, un importante helecho con semillas, y sus parientes encabezaban la lista en latitudes elevadas del sur.
Esta resistencia relativa de las plantas es debida a sus mecanismos de supervivencia ecológica a largo plazo:
- Semillas resistentes que pueden permanecer en latencia durante años.
- Reproducción vegetativa mediante sistemas de rizomas y raíces protegidos bajo tierra, incluso después de la destrucción de las partes expuestas.
Existen pruebas de la concurrencia de varios cambios en la estructura física de la Tierra, los océanos y la atmósfera durante el Pérmico tardío que figuran en las hipótesis explicativas de las extinciones. Los más importantes fueron los siguientes:
Vulcanismo: En Siberia se produjeron masivas erupciones que duraron miles de años, produciendo enormes flujos de basalto. Se estima que en las Traps Siberianos se depositó un volumen de lava de entre 1 y 4 millones de km³. Sobre la base de esta cantidad de lava se estima que se liberó suficiente dióxido de carbono para aumentar las temperaturas del planeta en 5 °C, no lo suficiente como para matar al 95 % de la vida.
Liberación de hidratos de metano: Esta teoría enlaza con la erupción del flujo de basalto. El calentamiento producido por las erupciones podría haber aumentado lentamente la temperatura del océano hasta descongelar los depósitos de hidrato de metano que hay por debajo del fondo oceánico cerca de las costas. Esto liberaría en la atmósfera suficiente metano como para elevar las temperaturas en 5 °C adicionales (el metano es uno de los gases de efecto invernadero más potentes).
De este modo surgió una teoría apoyada por algunos científicos en que la extinción se dividió en tres etapas:
- La primera durante las erupciones en Siberia, fue menos intensa y muy lenta, durando miles de años, y fue el aumento de 5 °C, provocando fuertes trastornos climáticos.
- La segunda fue en el mar y producto de las erupciones siberianas los depósitos de metano en el fondo marino se liberaron, afectando la temperatura, corrientes y nivel de oxígeno de los océanos, siendo una fase relativamente rápida y costosa para la vida marina.
- La tercera etapa es que el metano, una vez que salió de los océanos y llegó a la atmósfera aumentó la temperatura otros 5 °C, destruyendo los ecosistemas y acabando con el equilibrio climático. Se llega a creer que las islas británicas o Siberia pudieron llegar a ser tan secas y ardientes como el actual Sahara.
Liberación de sulfuro de hidrógeno: Otra hipótesis involucra la liberación de sulfuro de hidrógeno en los océanos. Las aguas oceánicas profundas periódicamente pierden la totalidad de su oxígeno disuelto, lo que permite que las bacterias anaerobias (por ejemplo, las bacterias verdes del azufre) florezcan y produzcan sulfuro de hidrógeno. Este gas es altamente tóxico por lo que al liberarse en la atmósfera mataría a la mayoría de los seres vivos.
Impacto de un gran meteorito: Recientemente (en 2006) se encontró el gran cráter de un posible impacto de meteorito en la Tierra de Wilkes, en la Antártida. El cráter tiene un diámetro de alrededor de 500 kilómetros y está situado a una profundidad de 1,6 kilómetros bajo el hielo de la Antártida. No se conoce el impacto que pudo tener este meteorito, pues los fósiles en Groenlandia muestran que la extinción pudo haber sido gradual, con una duración de alrededor de ochenta mil años, en tres fases distintas. Sin embargo, se especula que el impacto podría haber provocado una onda de tipo sísmico que a su vez produjo la ruptura de la corteza terrestre en el punto opuesto de la Tierra. En este punto se encontraban en esa época las traps siberianas, por lo que la teoría del impacto enlaza con la hipótesis del vulcanismo.
En general, los cambios analizados anteriormente por sí solos no parecen ser la causa de la gran extinción. Lo que sí sabemos es que en los 20 millones de años transcurridos desde el Pérmico medio hasta el superior se produjeron cambios muy significativos en el globo. Es posible que la causa de la extinción fuera una combinación de varias de las apariencias anteriormente analizadas.








