Período Carbonífero
ERA PALEOZOICA
El período Carbonífero es una división de la escala temporal geológica que pertenece a la Era Paleozoica; esta se divide en seis períodos de los que el Carbonífero ocupa el quinto lugar siguiendo al Devónico y precediendo al Pérmico. Comienza hace 359 millones de años y finaliza hace 299 millones de años. El nombre Carbonífero significa «portador de carbón» y deriva de las palabras latinas carbō (‘carbón’) y ferō (‘llevo, porto’), y fue acuñado por los geólogos William Conybeare y William Phillips en 1822, basándose en un estudio de las rocas británicas, y refleja el hecho de que muchas capas de carbón se formaron a nivel mundial durante ese tiempo.
En Norteamérica se subdivide en Pensilvánico y Misisípico. En Europa existen dos subdivisiones, la europea occidental y la rusa, siendo ambas de difícil correlación entre ellas y con la norteamericana.
Se caracteriza porque grandes extensiones de bosques quedaron sucesivamente sepultadas, en lo que se conoce como colapso de la selva tropical del Carbonífero, dando origen a estratos de carbón. Mientras continúan extinguiéndose los peces primitivos, se expanden los cartilaginosos y óseos. Los anfibios invaden la tierra firme y comienzan su desarrollo los reptiles, que durante el período Jurásico tendrán su clímax. En el Carbonífero Superior abundan los insectos, algunos muy grandes, como las «libélulas» de casi sesenta centímetros con alas extendidas, y árboles de hasta 40 m, como el Lepidodendron. Esto se explica por la alta concentración de oxígeno en la atmósfera, que según estimaciones llegó a alcanzar el 35 % (actualmente es del 21 %).
El período Carbonífero es una época de la historia de la Tierra muy activa desde el punto de vista tectónico. Durante este período se produce la orogenia hercinica o varisca que da lugar a la formación del megacontinente Pangea. Climáticamente terminó con una glaciación, durante la cual los glaciares se extienden por todo el centro y sur de Pangea.
Las rocas del período Carbonífero en Europa y este de Norteamérica en gran medida consisten de una secuencia repetida de piedra caliza, arenisca, pizarra y depósitos de carbón, conocidos como «ciclotemas» en los EE. UU. y «medidas de carbón» en Gran Bretaña. En Norteamérica, el Carbonífero Inferior consiste en gran medida de piedra caliza marina, lo que justifica la división del Carbonífero en los dos períodos que se utilizan allí, Pensilvánico y Misisípico. Los yacimientos de carbón del Carbonífero fueron la principal fuente de energía durante la Revolución Industrial y todavía siguen siendo de gran importancia económica.
Los grandes depósitos de carbón del Carbonífero deben su existencia a dos factores. El primero de ellos es el tipo de corteza de los árboles de este período (y en particular, a la evolución de la corteza de fibra de lignina). El segundo factor es el bajo nivel del mar que se produjo durante el período Carbonífero, en comparación con el Devónico. Esto permitió la formación de extensas tierras bajas de pantanos y bosques en Norteamérica y Europa. Se hipotetiza que durante este período no habían evolucionado todavía los animales y bacterias capaces de digerir la nueva lignina.
Estas primeras plantas hacía un uso extensivo de la lignina. Tenían una relación de corteza a madera de 8 a 1, e incluso tan alto como 20 a 1. Esto contrasta con los valores modernos de menos de 1 a 4. Esta corteza, que debió haber sido utilizada como soporte, además de como la protección, probablemente tenía de un 38 % a un 58 % de lignina. La lignina es insoluble, demasiado grande para pasar a través de las paredes celulares, demasiado heterogénea para enzimas específicas, y tóxica, por lo que pocos organismos además de los hongos basidiomicetos pueden degradarla. Tampoco puede ser oxidada en una atmósfera de menos del 5 % de oxígeno. Puede persistir en el suelo durante miles de años e inhibe la descomposición de otras sustancias. Probablemente la razón para estos altos porcentajes de lignina fue la protección de las plantas contra los insectos herbívoros, aunque no remotamente tan eficaz como los insectívoros modernos. En cualquier caso, se podrían haber formado fácilmente gruesos depósitos de carbón en suelos con buen drenaje, así como en los pantanos.
El enterramiento extensivo del carbono producido biológicamente llevó a una acumulación del oxígeno excedente en la atmósfera. Se estima un contenido pico de oxígeno tan alto como 35 %, frente al 21 % actual. Este nivel de oxígeno, probablemente, aumentó la actividad de los incendios forestales, así como resultó en el gigantismo de insectos y anfibios, criaturas cuyo tamaño se ve limitado por su sistema respiratorio, que tiene una capacidad limitada para la difusión de oxígeno.
PALEOGEOGRAFÍA
Pero estas condiciones aparentemente tuvieron poco efecto en los trópicos, donde florecían exuberantes bosques en los pantanos a pocos grados al norte de los glaciares del polo sur.
Gran parte de Europa y Norteamérica se encontraba situada en el ecuador, como atestiguan depósitos calizos de gran espesor. Las rocas carboníferas en Europa y América del Norte consisten en una sucesión de caliza, arenisca, pizarras y depósitos de carbón, conocida como «ciclotemas» en Estados Unidos y «medidas de carbón» en Inglaterra. Podemos dividir los eventos paleogeográficos en dos:
Carbonífero Superior: Durante el Carbonífero Gondwana contacta con el «continente de las areniscas rojas antiguas» (Euramérica) dando las fases más importantes de la orogenia varisca. Los importantes gradientes latitudinales de temperatura se incrementaron en el Carbonífero superior. Los yacimientos de carbón de Europa y Norteamérica se caracterizaban por la flora de Lepidodendron y Sigillaria y no aparecían elementos típicos de Gondwana. Los de Gondwana incluían la flora Glossopteris y elementos de las floras europeas. Siberia, que se encontraba cerca del otro polo también tenía una flora distintiva adaptada a condiciones frías. La presencia de anillos de crecimiento bien marcados en las floras fósiles de Gondwana y Siberia indican condiciones frías. Estos anillos están ausentes en Europa y Norteamérica. Al final del Carbonífero superior los climas tropicales cambiaron significativamente. Licopodiofitos y esfenófitos declinaron, y los helechos con semilla adquirieron un papel más importante, lo que parece indicar unas condiciones climáticas más secas. Los carbones continuaron formándose pero los licopodiofitos ya no fueron más los contribuyentes primarios.
El período Carbonífero fue un tiempo de formación activa de montañas debida al ensamblado del supercontinente Pangea. Los continentes del sur permanecieron unidos en el supercontinente Gondwana, que colisionó con Euramérica (Europa más Norteamérica) a lo largo de la línea del actual este de Norteamérica. Esta colisión continental dio lugar a la Orogenia Hercínica en Europa y la Orogenia Alegeniana en Norteamérica, además extendió los recién formados Apalaches hacia el sur como las Montañas Ouachita. Al mismo tiempo, gran parte de la actual zona oriental de la placa de Eurasia se unió a Europa a lo largo de la línea de los Urales. La mayor parte del supercontinente Pangea de la Era Mesozoica se reunió ahora, aunque China del Norte (que chocó a finales del Carbonífero) y China del Sur estaban todavía separados de Laurasia. En el Carbonífero Superior, Pangea adquiere la forma de una «O».
Hubo dos grandes océanos en el período Carbonífero, Panthalassa, el océano global, y Paleo-Tetis, que estaba dentro de la «O» de Pangea durante el Carbonífero. Otros océanos menores fueron disminuyendo en extensión, y en última instancia, desaparecieron. El Océano Rheico fue cerrado por la unión de América del Sur y del Norte, el pequeño y superficial Océano Ural fue cerrado por la colisión de los continentes Báltica y Siberia, creando la cordillera de los Urales, y el Océano Proto-Tetis, cerrado por la colisión de China del Norte con Siberia.
SUBDIVISIONES
ESTRATIGRAFÍA
El período Carbonífero se divide en dos subperiodos: el Misisípico (o Carbonífero Inferior) y el Pensilvánico (o Carbonífero Superior), lo que refleja diferencias importantes en las condiciones geológicas y climáticas a lo largo de este tiempo.
Durante el Misisípico, los ambientes eran predominantemente marinos en muchas partes del mundo, con mares epicontinentales poco profundos que dominaban grandes áreas, sobre todo en lo que hoy es América del Norte y Europa. Los sedimentos típicos de esta época incluyen calizas marinas, lutitas y algunas areniscas.
Los ciclos sedimentarios en el Pensilvánico están asociados con el levantamiento y erosión de los cinturones montañosos creados por la orogenia varisca en Europa y la orogenia de los Apalaches en América del Norte. Estas colisiones tectónicas, relacionadas con la convergencia y eventual ensamblaje de Pangea, dieron lugar a la formación de grandes cuencas sedimentarias donde se depositaron los sedimentos clásticos que acompañan al carbón.
En términos de fósiles, además de las plantas, hay una gran cantidad de fósiles de invertebrados marinos (como braquiópodos y ammonoideos), peces y anfibios primitivos. Hacia el final del período Carbonífero, los primeros reptiles comenzaron a diversificarse, lo cual es un evento importante en la evolución biológica. El final del Carbonífero también marca el inicio de una fase de glaciación en Gondwana, que afectó los patrones de sedimentación global y está reflejada en los estratos como evidencias de depósitos glaciares, sobre todo en el hemisferio sur. Esta glaciación provocó fluctuaciones en el nivel del mar, lo que resultó en cambios en los ambientes sedimentarios y en la distribución de los depósitos de carbón.
En resumen, la estratigrafía del período Carbonífero está caracterizada por depósitos marinos durante el Misisípico y vastas capas de carbón, formadas en extensos pantanos ecuatoriales durante el Pensilvánico. Los ciclos climáticos y tectónicos, como la formación de Pangea y las fluctuaciones del nivel del mar, juegan un papel crucial en la sedimentación de este período. Los fósiles de plantas, invertebrados y vertebrados primitivos son fundamentales para la correlación estratigráfica y el estudio de este período geológico.
CLIMA
FLORA
Estos bosques formaron los vastos depósitos de carbón que caracterizan al Carbonífero, y los inmensos estratos de carbón que se preservaron representan una biomasa colosal de plantas enterradas. Una posible explicación para esta gran acumulación de material vegetal es que los organismos especializados en su descomposición, como bacterias, hongos e invertebrados, aún no estaban adaptados para descomponer eficientemente compuestos complejos como la celulosa y la lignina, lo que permitió que gran parte de la materia vegetal quedara intacta y se convirtiera en carbón.
En el Carbonífero inferior, sin embargo, la cantidad de carbón es notablemente menor, y las floras mantienen una semejanza con las del Devónico superior.
En el Carbonífero superior, alcanzan un gran éxito evolutivo aunque constituidos por un pequeño número de géneros, representados por una gran diversidad de especies:
- Lycophyta: Los géneros más importantes fueron Lepidodendron y Sigillaria, incluían formas arborescentes, restringidas a áreas pantanosas. Lepidodendron fue el género con más éxito y algunas de sus especies alcanzaron más de 30 metros.
- Equisetopsida: Similares a la actual cola de caballo (equisetos), estaban representados por el género Calamites, del que algunas especies alcanzaron varios metros de altura.
- Helechos con semilla (Pteridospermatophyta): Los niveles inferiores eran una maleza constituida principalmente por una amplia variedad de helechos y helechos con semilla aunque algunos también eran grandes y arborescentes. Glossopteris, que vivía en tierras más altas, fue muy abundante en Gondwana. Sus fósiles son más comunes en sedimentos fluviales.
- Cordaitales: Es un grupo de árboles altos, de 30 metros. Están relacionados con los gimnospermas que vivían en tierras altas y probablemente formaron grandes bosques parecidos a los modernos.
Las floras típicas del período Carbonífero continuaron su dominio hasta el Pérmico inferior para declinar posteriormente. Debido a que las plantas y los animales estaban creciendo en tamaño y abundancia en esta época, los hongos terrestres se diversificaron aún más.
FAUNA
Destacan los bosques de Calamites, Lepidodendron y Sigillaria. Ocurre una gran expansión de anfibios que dominaron los hábitats terrestres y fueron reemplazados consecutivamente por los reptiles adaptados totalmente al medio terrestre, como el caso de Hylonomus.
Durante el Carbonífero inferior las algas calcáreas tuvieron un papel dominante en la formación de arrecifes barrera de carbonato cálcico a lo largo de la costa. Los ocupantes de los arrecifes eran corales tabulados y rugosos. Aparecen braquiópodos gigantes (prodúctidos) que experimentaron un gran éxito con multitud de adaptaciones (espinas anclaje o formas cónicas unidas entre sí formando sólidos armazones), y constituían la base sobre la que se asentaban los corales. Asteridae, Echinoidea, gasterópodos, bivalvos y foraminíferos constituían el bentos móvil. Briozoos, crinoideos y braquiópodos epibentónicos fijos y suspensívoros experimentaron una gran radiación.
Los restos fósiles de insectos terrestres, arácnidos y miriápodos que hasta ahora se conocen son de finales del Carbonífero, pero hasta ahora no del Carbonífero temprano. Los primeros priapula verdaderos aparecieron durante este período. Su diversidad, al parecer, muestra que los artrópodos estaban bien desarrollados y ya eran numerosos. Su gran tamaño se puede atribuir a la humedad del medio ambiente (en su mayoría bosques de helechos pantanosos) y a la concentración de oxígeno, que en la atmósfera de la Tierra durante el Carbonífero era mucho mayor que hoy en día.
Otros grupos son los Syntonopterodea (parientes evolutivos de las efímeras de hoy en día), abundantes y chupadores de savia palaeodictyopteroidea, diversos herbívoros protorthoptera, y numerosos basal Dictyoptera (ancestros de las cucarachas). Muchos fósiles de insectos han sido obtenidos a partir de los yacimientos de carbón de Saarbrücken y Commentry, y de los troncos huecos de árboles fosilizados en Nueva Escocia.
Algunos yacimientos de carbón británicos han dado buenas muestras de especímenes: El Archaeoptitus, de la cuenca carbonífera de Derbyshire, tenía una extensión de ala que se extiende a más de 35 cm; algunos especímenes (Brodia) todavía exhiben rastros de colores brillantes en las alas. En los troncos de los árboles de Nueva Escocia, caracoles terrestres (Archaeozonites, Dendropupa) han sido encontrados.
El cráneo es alto (un rasgo heredado de los anfibios reptiliomorfos), y el complejo de huesos que los anfibios tienen en la parte posterior del cráneo está mucho más reducido. Los esqueletos son ligeros, y conservaban los miembros extendidos lateralmente y las pequeñas cinturas pectoral y pélvica de los anfibios. Sus manos y pies presentan dedos muy largos, como los de los lagartos modernos. Probablemente, aquellos primeros reptiles usaban sus afilados dientes para perforar la cutícula de los insectos, mientras que la mayor parte de los anfibios carecía de fuerza al morder, debido a su cráneo bajo y a la debilidad de sus mandíbulas. Estos dos reptiles primitivos se han encontrado en el interior de tocones de árboles fosilizados en Nueva Escocia (Canadá). Los desechos fecales indican una alimentación de insectos y caracoles.
FINAL DEL CARBONÍFERO
Al final del período Carbonífero, la Tierra experimentó cambios drásticos que marcaron la transición hacia el Pérmico. Uno de los eventos más importantes fue el colapso de las selvas tropicales que cubrían gran parte de la región ecuatorial de lo que ahora es Euroamérica. Este colapso, probablemente desencadenado por cambios climáticos, fragmentó los vastos bosques de carbón en refugios aislados. A medida que el clima se volvió más seco y las selvas tropicales desaparecieron, los ecosistemas comenzaron a cambiar de manera significativa. La fragmentación de los bosques tuvo un profundo impacto en la biodiversidad. Muchos de los anfibios gigantes que prosperaban en los ambientes húmedos y pantanosos del Carbonífero se extinguieron, y los reptiles, más adaptados a condiciones secas, comenzaron a diversificarse y a ocupar nuevos nichos.
El final del período arbonífero también estuvo marcado por un enfriamiento global que llevó al desarrollo de glaciaciones en Gondwana, el supercontinente situado en el hemisferio sur. Estas glaciaciones causaron fluctuaciones en el nivel del mar, lo que afectó tanto a los ecosistemas marinos como a los terrestres. La reducción en los hábitats costeros y la fragmentación de los ecosistemas terrestres debido a las condiciones climáticas más secas contribuyeron a la extinción de varias especies. A pesar de estos cambios, la evolución de los reptiles amniotas y las primeras plantas con semillas permitió que la vida en la Tierra continuara diversificándose, sentando las bases para los ecosistemas del Pérmico.
En este contexto, la fauna experimentó una serie de adaptaciones importantes. Los reptiles amniotas, gracias a su capacidad de vivir en hábitats más secos, lograron diversificarse en mayor medida. Los reptiles primitivos como los pelicosaurios comenzaron a aparecer, y estos reptiles dieron lugar, en el Pérmico, a los primeros sinápsidos, los ancestros de los mamíferos. En contraste, los anfibios, que dependían del agua para la reproducción y el desarrollo de sus larvas, experimentaron una disminución significativa a medida que los ecosistemas húmedos se contrajeron.
En resumen, el final del período Carbonífero fue una época de transformaciones tanto en tierra como en mar, caracterizada por una combinación de cambios climáticos, tectónicos y biológicos. Estos eventos sentaron las bases para la vida en el Pérmico, donde la aridez, la expansión de los reptiles y el declive de las selvas tropicales continuarían remodelando los ecosistemas globales.








