Fauna Mesozoica
TRIÁSICO – JURÁSICO – CRETÁCICO
El periodo Mesozoico es conocido por la fauna mesozoica, dominada por los peligrosos, los únicos, los inigualables dinosaurios. La extinción masiva al final del Pérmico abrió el camino para la radiación de nuevas formas de vida, con los dinosaurios ocupando los nichos vacantes dejados por herbívoros y carnívoros extintos. Aunque algunos grupos sobrevivientes, como los cinodontos y dicinodontos, persistieron temporalmente, los grandes arcosaurios, incluyendo dinosaurios, pterosaurios y reptiles acuáticos como ictiosaurios, plesiosaurios y mosasaurios, fueron los principales protagonistas de la fauna mesozoica.
Los cambios climáticos durante el Jurásico y Cretácico favorecieron la diversificación de los dinosaurios, alcanzando su mayor diversidad en el Jurásico. En este tiempo, aparecieron también las primeras aves y mamíferos placentarios, integrándose en la rica fauna mesozoica. Durante el Cretácico, las angiospermas se diversificaron y comenzaron a dominar la flora, impactando la evolución de los insectos. Al final del Cretácico, la extinción masiva del Cretácico-Terciario marcó el declive de los grandes arcosaurios, pero permitió que las aves y mamíferos, supervivientes de la fauna mesozoica, continuaran evolucionando y dominando el planeta.
Además, la fauna mesozoica no solo estuvo marcada por los dinosaurios y arcosaurios, sino también por el desarrollo de ecosistemas marinos muy complejos. Los mares del Mesozoico albergaron depredadores acuáticos como los plesiosaurios y los mosasaurios, mientras que los ictiosaurios dominaron las aguas en los primeros momentos de la era.
Los invertebrados, como los ammonites y belemnites, también fueron esenciales en la fauna mesozoica, proporcionando una base importante para la cadena alimentaria. Estos ecosistemas, tanto terrestres como acuáticos, contribuyeron a que el Mesozoico fuera una de las eras más dinámicas en la evolución de la vida en la Tierra.