Período Neógeno
ERA CENOZOICA
El período Neógeno es una división de la escala temporal geológica que pertenece a la Era Cenozoica; dentro de esta, el Neógeno sigue al Paleógeno y precede al Cuaternario. Se tienen registros de los eventos de extinción que ocurrieron en el Atlántico durante el Neógeno tardío. Actualmente se considera que el Neógeno comprende solo las épocas Mioceno y Plioceno, aunque una reciente propuesta de la Comisión Internacional de Estratigrafía (ICS) pretendía añadir las épocas Pleistoceno y Holoceno, continuando hasta el presente.5
Los términos Sistema Neógeno (formal) y sistema terciario superior (informal) describen las rocas depositadas durante el período Neógeno, que inició hace unos 23 millones de años y concluyó hace 2.588 millones de años y con una duración de 20.44 millones de años. Durante el Neógeno los mamíferos y las aves se desarrollaron bastante. Muchas otras formas se mantuvieron relativamente estables. Tuvieron lugar algunos movimientos continentales, siendo el más significativo la conexión de América del Norte con América del Sur a finales del Plioceno. Además, durante el período Neógeno el clima se enfrió, culminando en las glaciaciones del Cuaternario, y se produjo la aparición de los Homínidos.
El Neógeno se ha entendido tradicionalmente que finaliza al terminar el Plioceno, justo antes del comienzo del período Cuaternario; muchas escalas temporales apoyan esta división. Sin embargo, hay un movimiento entre los geólogos (especialmente los dedicado al Neógeno marino) que tiende a incluir también al siguiente período geológico (el Cuaternario) en el Neógeno, mientras que otros (especialmente los geólogos terrestres) insisten en que el cuaternario es un período distinto con registros claramente diferenciados. La INQUA se opone a las propuestas de la ICS reclamando que el Neógeno y el Plioceno terminen hace 2 588 millones de años, que el Gelasiense sea traspasado al Pleistoceno y que el Cuaternario sea reconocido como el tercer período del Cenozoico, citando los cambios clave en el clima, los océanos y la biota de la Tierra, y su correspondencia con el límite magnetoestratigráfico Gauss-Matuyama. En 2006, ICS e INQUA alcanzaron un acuerdo que colocaba al Cuaternario como una sub-era que subdividía al Cenozoico en los antiguos Terciario y Cuaternario, un acuerdo que fue rechazado por la Unión Internacional de Ciencias Geológicas porque separaba tanto al Neógeno como al Plioceno en dos.
En ocasiones la confusión terminológica y el desacuerdo entre los geólogos respecto del trazado de límites, se debe a la divisibilidad relativamente tenue entre unidades de tiempo cuando se aproximan al presente, debido a que la preservación geológica hace que el registro sedimentario geológico más joven sea conservado sobre un área mucho más grande y reflejando muchos más ambientes que el registro geológico más antiguo. Al dividir la Era Cenozoica en tres (probablemente dos) períodos (Paleógeno, Neógeno, Cuaternario) en vez de siete épocas, los períodos son más fácilmente comparables a la duración de los períodos en las eras del Mesozoico y Paleozoico.
PALEOGEOGRAFÍA
La formación del istmo tuvo importantes consecuencias en las temperaturas globales, puesto que la cálida corriente oceánica ecuatorial se cortó y comenzó un ciclo de enfriamiento del ahora aislado océano Atlántico, con una bajada de las temperaturas en las aguas del Ártico y Antártico. La formación del istmo también acabó con el aislamiento de la fauna de Sudamérica, lo que provocó la extinción de los ungulados nativos y los carnívoros marsupiales.
Depósitos marinos y continentales del Mioceno son comunes en todo el mundo con afloramientos marinos cerca de las costas modernas. Exposiciones continentales bien estudiadas se encuentran en las Grandes Llanuras de los Estados Unidos y en Argentina. Las rocas de Plioceno marino están bien expuestas en el Mediterráneo, India y China. En otros lugares, están expuestos en gran parte cerca de las costas.
SUBDIVISIONES
ESTRATIGRAFÍA
En el Mioceno, los sedimentos marinos y continentales reflejan una expansión de ambientes más secos, como las sabanas, y hay fósiles que sugieren la aparición de hierbas modernas. Los depósitos comunes incluyen carbonatos, areniscas, margas y calizas, tanto en zonas marinas como continentales.
En el Plioceno, las capas de sedimentos muestran una mayor aridificación, marcada por la expansión de glaciares en el hemisferio norte. Se observan depósitos asociados a cuencas de ríos, lagos y glaciares, con fósiles que incluyen muchos géneros de mamíferos actuales y evidencia de la diversificación de los homínidos.
Los sedimentos marinos incluyen depósitos de carbonatos, limos y arcillas, asociados a costas y plataformas continentales. Los sedimentos continentales provienen de ríos, lagos y ambientes secos.
CLIMA
Al principio del Mioceno, volvió a aumentar la temperatura global. Durante la segunda mitad de la época, comenzaron a aparecer pastos similares a la sabana en ambas Américas, por el enfriamiento global y la progresiva aridez del clima. En la Antártida oriental había algunos glaciares durante el Mioceno inferior (hace 23-15 millones de años), pero hace alrededor de 15 millones de años la capa de hielo del hemisferio sur comenzó a crecer hasta su extensión actual.
Debido al enfriamiento y la aridez el mundo comenzó a parecerse al actual. Los climas eran estacionales, más frescos y secos, similares a los modernos. La formación del istmo de Panamá hace unos 3,5 millones de años cortó la corriente ecuatorial que había existido desde el Cretácico y principios del Cenozoico. Esto puede haber contribuido al enfriamiento de los océanos de todo el mundo. Las capas de hielo en la Antártida crecieron hasta que esta quedó totalmente cubierta por los glaciares. El manto de hielo de Groenlandia se desarrolló más tarde, hace alrededor de 3 millones de años. La formación de la capa de hielo del Ártico en torno a 3 millones de años atrás está señalada por un brusco cambio en las relaciones isotópicas de oxígeno y en los sedimentos del Atlántico Norte y el Pacífico. En latitudes medias, la glaciación estaba probablemente en marcha antes de finales de la época. El enfriamiento global que se produjo durante el Plioceno puede haber estimulado la desaparición de los bosques y la difusión de los pastizales y sabanas. En el Plioceno inferior aparecieron herbívoros de gran tamaño, y con estos llegaron grandes carnívoros especializados. Respecto a los herbívoros más pequeños, los pacedores corrieron mucha mejor suerte que los ramoneadores.
FLORA
Durante el período Neógeno, la expansión de las plantas herbáceas continuó, especialmente en las grandes extensiones de sabanas y praderas que surgieron en respuesta a la disminución de las precipitaciones y la aridificación progresiva. Las gramíneas, pertenecientes a la familia de las Poaceae, se convirtieron en uno de los grupos de plantas dominantes en estos hábitats abiertos, adaptándose perfectamente a las condiciones más secas. Esta proliferación de plantas herbáceas no solo transformó los paisajes, sino que también influyó directamente en la evolución de muchas especies de mamíferos herbívoros, que desarrollaron adaptaciones para alimentarse de estas plantas de crecimiento rápido y resiliente.
FAUNA
En los océanos aparecen las primeras algas coralinas que franquean los arrecifes actuales. Se da una diversificación y radiación adaptativa de ballenas, delfines y cachalotes. Las globigerinas, seriamente diezmadas en la Extinción Eocena, se expanden de nuevo en el Mioceno y constituyen unos excelentes fósiles-guía en los medios marinos. En el período Neógeno tiene lugar la expansión de diatomeas de agua dulce (Pennales), que se habían originado en el Paleógeno. En el Mioceno comprenden 2000 especies, alcanzando una posición ecológica similar a la actual como productores primarios de agua dulce.
Los cambios climáticos ejercieron una influencia profunda sobre las biotas terrestres.
Aunque de manera general suele llamar la atención el origen de los grandes mamíferos, destaca igualmente el éxito de criaturas menores. De hecho, el Neógeno se podría llamar también la Edad de las Ranas, la Edad de las Ratas y Ratones, la Edad de las Serpientes, o la Edad de los Paseriformes. Estos cuatro grupos han experimentado una gran radiación adaptativa en los últimos millones de años. Quizás el éxito de ranas y sapos modernos es su gran capacidad para capturar insectos con sus largas lenguas.
En Sudamérica, los principales depredadores eran los pájaros del terror, una familia de aves no voladoras de gran tamaño. Su aspecto era parecido al del avestruz, pero eran carnívoros y algunos mucho más grandes. Tenían una altura de 0,6 a 3 m y pequeñas alas a modo de brazos que seguramente les servirían para derribar a las presas en movimiento. Vivieron en el Paleógeno y Neógeno hace 62-2 millones de años. Originarios de Sudamérica, pasaron a Norteamérica cuando se formó el istmo de Panamá. Los pájaros del terror se extinguieron, pero sus parientes actuales más cercanos son las chuñas de la familia Cariamidae.
En cuanto a los primates, los monos ya estaban presentes en el Oligoceno. El grupo más antiguo incluye los monos del Viejo Mundo que ahora viven en África y Eurasia. Antes del final del Oligoceno, un grupo distintivo de monos alcanzó Sudamérica.
Utilizando relojes moleculares se estima que la separación entre Homininos y chimpancés se produjo hace unos 7 millones de años a finales del Mioceno. Los primeros Homininos conocidos son Sahelanthropus tchadensis (de 6 a 7 millones de años de antigüedad) y Orrorin tugenensis (de hace 6 millones de años) del Mioceno y Ardipithecus (entre 5,8 y 4,1 millones de años) del final del Mioceno y comienzos del Plioceno. Los Australopithecus aparecieron hace unos 4 millones de años durante el Plioceno. Ya se desplazaban de manera bípeda, aunque el tamaño de su cerebro era similar al de los grandes simios actuales. La especie más antigua del género Homo, Homo habilis, vivió aproximadamente de 2,5 a 1,44 millones de años atrás, durante el comienzo del Pleistoceno (ya en el Cuaternario). Probablemente era capaz de la fabricación de primitivos utensilios de piedra. Las últimas fases de la evolución hacia los humanos se completarán durante el Cuaternario.
FINAL DEL NEÓGENO
En términos de geología, el final del Neógeno estuvo marcado por movimientos tectónicos continuos, con un papel importante de la tectónica de placas en la creación de grandes cordilleras como los Himalayas y los Alpes. Estos movimientos no solo afectaron el clima, sino que también modificaron las cuencas hidrográficas y los paisajes terrestres, lo que influyó en la distribución de ecosistemas y la fauna. El levantamiento de los Himalayas, en particular, tuvo un impacto significativo en los monzones del sur de Asia, creando nuevas dinámicas climáticas que aún persisten hoy.
Estos cambios en la fauna fueron paralelos a la evolución de carnívoros más especializados, como los felinos con dientes de sable, que se convirtieron en depredadores dominantes en los ecosistemas de finales del Neógeno. Las condiciones climáticas más frías y secas favorecieron la evolución de estos animales adaptados a los espacios abiertos.
Uno de los eventos más importantes del final del Neógeno fue la aparición y diversificación de los primeros homínidos. El clima más seco y las praderas en expansión proporcionaron un entorno en el que los homínidos evolucionaron, con especies como Australopithecus adaptándose a la vida en ambientes abiertos. El bipedalismo, una característica clave en la evolución humana, pudo haber sido una respuesta a las condiciones más secas, permitiendo a los homínidos moverse eficientemente a través de grandes extensiones de sabana.








