Kenyanthropus

Meave G. Leakey, 2001

Kenyanthropus

Kenyanthropus platyops es el nombre propuesto para una especie de homínido identificada a partir de un cráneo fósil descubierto en 1999. Su denominación significa “hombre de cara plana de Kenia”: Kenyanthropus alude a “hombre de Kenia”, mientras que platyops procede de los términos griegos platus (“plano”) y opsis (“rostro”). El hallazgo fue realizado por un equipo dirigido por Meave Leakey y su hija Louise en una zona semidesértica próxima al lago Turkana, en Kenia. El fósil tiene una antigüedad aproximada de 3,5 millones de años (Piacenziense, Plioceno) y presenta rasgos particularmente llamativos: una cara aplanada y delicada, junto con dientes de tamaño reducido.

Kenyanthropus

Kenyanthropus

LA EVOLUCIÓN HUMANA

Era Geológica
Era: Cenozoica
Periodo: Neógeno
Descubridor
Meave G. Leakey, 2001
Origen
Kenia
Grupo
Mamífero
Familia
Hominidae
  • Agresividad 50% 50%

Millones de Años

Algunos investigadores han planteado la creación del género Kenyanthropus, ya que el cráneo muestra una combinación equilibrada de características propias de Australopithecus y Homo. Según sus descubridores, guarda semejanzas con el fósil KNM‑ER 1470, atribuido a Homo rudolfensis y datado en unos 1,8 millones de años. Sin embargo, debido a la fuerte deformación del espécimen tipo (KNM‑WT‑4000), varios autores consideran que no constituye un género ni una especie válida, y que podría tratarse simplemente de un ejemplar de Australopithecus afarensis o, en todo caso, denominarse Australopithecus platyops ante la falta de evidencias más sólidas.

Un análisis de los rasgos craneodentales de diversos homininos concluyó que “no existe un apoyo significativo para la hipótesis de que Kenyanthropus platyops esté estrechamente emparentado con Homo rudolfensis”. En su lugar, K. platyops se agrupa dentro de un mismo clado junto con Australopithecus africanus y los géneros Paranthropus y Homo. Si se acepta como especie válida, estas relaciones implicarían que tanto Paranthropus como Homo se separaron del resto de los homininos mucho antes de lo que se pensaba.

En 2015, la arqueóloga francesa Sonia Harmand y su equipo identificaron la industria lítica de Lomekwi en el yacimiento homónimo. Las herramientas se atribuyeron inicialmente a Kenyanthropus, ya que era el único homínido identificado en el lugar. No obstante, ese mismo año el antropólogo Fred Spoor sugirió que algunos restos indeterminados podrían pertenecer a Australopithecus deyiremeda, dado que ambas especies comparten similitudes en la anatomía maxilar. Con 3,3 millones de años, esta industria sería la más antigua propuesta hasta la fecha. El conjunto incluye 83 núcleos, 35 lascas, 7 posibles yunques, 7 posibles martillos, 5 guijarros potencialmente usados como percutores y 12 fragmentos no identificables. Los materiales proceden mayoritariamente de basalto, fonolita y traquifonolita, y podrían haberse obtenido de un conglomerado situado a unos 100 metros del yacimiento.

Los núcleos son grandes y pesados, con dimensiones promedio de 167 mm por 147,8 mm por 108,8 mm y un peso cercano a los 3,1 kg. Las lascas varían entre 19 y 205 mm, generalmente más cortas que las de la industria olduvayense posterior. Los yunques alcanzan hasta 15 kg. La producción de lascas parece haberse realizado mediante la técnica de martillo pasivo (golpe directo sobre el núcleo apoyado en un yunque) y/o el método bipolar (golpear el núcleo colocado sobre el yunque con otra piedra).

Los artesanos prehistóricos produjeron tanto unifaces (trabajados por un solo lado) como bifaces (modificados por ambas caras). Aunque es posible que prepararan previamente algunos núcleos para facilitar su talla, con frecuencia la técnica era imprecisa, generando fracturas incompletas o requiriendo múltiples golpes para desprender una pieza. Harmand y sus colegas propusieron que estas habilidades rudimentarias situarían al Lomekwiense como una industria intermedia entre técnicas de percusión simples usadas por homínidos anteriores y la industria olduvayense desarrollada por Homo.

Se suele asumir que los primeros homínidos utilizaban herramientas de piedra para procesar carne y otros materiales orgánicos. Aunque se ha observado que chimpancés salvajes y monos capuchinos producen lascas accidentalmente al romper nueces con piedras, los talladores de Lomekwi generaban múltiples lascas a partir de un mismo núcleo y trabajaban ambas caras, lo que indica una intención clara en su fabricación.

En 2016, los arqueólogos españoles Manuel Domínguez‑Rodrigo y Luis Alcalá cuestionaron la interpretación de Harmand y su equipo, argumentando que no se demostró de forma convincente que las herramientas se encontraran in situ. Es decir, podrían ser más recientes y haber sido redepositadas en una capa más antigua. Si se acepta la datación de 3,3 millones de años, existiría un vacío de unos 700.000 años hasta la siguiente evidencia sólida de herramientas líticas, en Ledi‑Geraru, asociada al primer Homo (LD 350‑1) y a la industria olduvayense, descrita por David Braun y colaboradores en 2019. Esta brecha podría interpretarse como una pérdida y posterior reinvención de la tecnología lítica, o como un sesgo de preservación que habría impedido que las herramientas intermedias se conservaran o fueran descubiertas. En este último caso, el Lomekwiense habría evolucionado hacia el Olduvayense.

Kenyanthropus

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